Política

El ministro de Interior, Rogelio Frigerio, entrevistado en Periodismo Puro, por Fontevecchia. Foto:Facundo Iglesias  lunes 09 de octubre de 2017

 
 
Ustedes asumen con una expectativa de que en el 2016 el producto bruto creciese 1% y 2017 creciese 4%. Finalmente, en el 2016 cayó el producto bruto entre 2 y 3% y en el 2017 va a crecer 3 y no 4 y cuando uno hace de punta a punta, te encontrás con una diferencia de 5% de resultado en el producto bruto 2016, 2017. ¿Eso es porque esperaban una realidad distinta? ¿Se encontraron con algo peor?

— Yo creo que...

— ¿Qué pasó?

— Sí, nos encontramos con algo peor, claramente . Nos encontramos con algo peor y siempre, durante esos primeros meses, convivimos con la opción de blanquear con mayor precisión lo que encontramos o intentar ponerle foco a la recuperación de la confianza y creíamos en algún punto que podían ser opciones antagónicas. El presidente recién en su discurso de apertura de sesiones en marzo del 2016 hizo un resumen de lo que habíamos encontrado en el país, pero creo que nunca lo planteamos con la crudeza del caso. Me parece que, por lo menos lo que yo veo en lo que me toca a mí como responsable del Ministerio del Interior de Obras Públicas y Vivienda, lo que encontré fue un Estado desmantelado, con altos niveles de corrupción, con obras paradas durante muchísimos meses, y nos costó, mucho más de lo que creíamos volver a andar, a hacer andar esa rueda de la obra pública, que es lo que se ve hoy. Hoy la obra pública explotó por todo el país y en todos los pueblos de la Argentina uno encuentra una obra pública financiada por el gobierno nacional,  pero los primeros tiempos no fueron fáciles, fueron más difíciles de lo que pensábamos, porque además teníamos la responsabilidad no solo de poner en marcha las obras de infraestructura, en línea con el compromiso del presidente de llevar adelante el plan de infraestructura más ambicioso de la historia, sino que además teníamos, como nos pidió el presidente, la necesidad de dejar atrás para siempre esa asociación que había entre obra pública y corrupción entre la gente. Y eso nos obligó a cambiar toda la forma de licitación, contratación, control de las obras públicas.

— El hecho de que el Ministro del Interior tenga obras públicas, ¿qué significa?

— Una visión federal, una visión federal porque yo tengo bajo mi responsabilidad las obras públicas locales, no las obras públicas que impactan en más de una provincia, no tengo las obras de transporte, por ejemplo, ni las de energía, pero sí tengo todas las obras públicas que se hacen...

— En cada una.

— En cada una de las provincias o municipio y me parece que es una apuesta interesante del presidente, porque este doble traje que me tengo que poner o doble sombrero del ministro político del interior y ministro de obras públicas, creo que facilita mi trabajo.

— Cuando escuchás hablar del voto cloaca, ¿qué pensás? Es decir, qué realmente fue un acierto juntar los dos elementos porque lo que permite al mismo tiempo es juntar gobernabilidad.

— Sí, en realidad es discutible eso, porque tenemos varios informes que ponen en duda la eficacia de la...

— De la obra pública como generador de votos, de la cloaca.

— No, o de hablar mucho de las cloacas, pero la verdad...

— No, pero digo, las cloacas como el significante de la obra pública.

— Sí, no...

— Uno podría decir el voto Metrobus, el voto puente, el voto asfalto.

— Está claro que la gente valora lo que estamos haciendo, en términos de cumplir con nuestros compromisos, cuando decimos que va a arrancar una obra, la obra arranca . Cuando decimos que va a terminar en determinada fecha, eso se cumple y cuando decimos que va a costar determinados recursos, no se gasta un peso más. De hecho, prácticamente todas las licitaciones terminaron adjudicándose por un valor menor que el del presupuesto porque incrementamos muchísimo la competencia, la concurrencia de las empresas de obras públicas del país. Y obviamente hay una vinculación o una correlación entre el nivel de satisfacción de la gente y el trabajo que venimos haciendo. Pero también tengamos en cuenta que estas obras que hacemos, sobre todo las que son muy territoriales, es difícil que se las apropie un solo gobierno, o un nivel de gobierno. En general los gobiernos municipales o los gobiernos provinciales, intentan apropiarse de las obras públicas que llevamos adelante desde el gobierno nacional, lo que produce mucha irritación muchas veces en nuestros militantes del territorio, pero a los cuáles les decimos permanentemente que esa pelea por la apropiación de la obra pública no conduce a nada, que la gente no ve en eso un valor que después puede traducirlo en apoyos políticos o electorales, lo importante es hacer la obra, es cambiar esa vinculación entre obra pública y corrupción, es lograr soluciones concretas para los vecinos y la gente sabe que evidentemente desde hace 20 meses la Argentina cambió en este... en muchos aspectos, pero en el aspecto de la obra pública, quizás como en ningún otro.

— Vos mencionabas de que se encontraron con una realidad peor de la esperada, mencionabas la corrupción, obras públicas paradas. ¿No era obvio eso, digo, leyendo los diarios en el 2015 cuál era la realidad que se iba a encontrar quien fuera gobierno?

— La verdad que uno lo podía suponer, pero no teníamos... no pudimos constatarlo, porque tampoco tuvimos una transición normal de un gobierno al otro. Yo creo que estuvimos dos semanas entre... o pocos días más, entre la segunda vuelta y la asunción, en la cual no tuvimos ningún tipo de colaboración por parte del gobierno saliente, así que la verdad que entramos prácticamente a ciegas al gobierno, preparados, sí, porque durante dos años por lo menos en las oficinas de la fundación Pensar se trabajó mucho en un plan de gobierno, pero bueno, siempre ese plan, en un país que había destruido todas las estadísticas públicas y que no... Y que era cualquier cosa menos transparente en la información de los actos del gobierno, terminaba siendo una aproximación a la realidad. Bueno, eso también complicó los primeros meses de gobierno, también la inexperiencia de la mayoría de los funcionarios, algo que también era lógico porque veníamos de 12 años de kirchnerismo y de gobiernos que habían fracasado en las últimas décadas en sus políticas públicas, también hizo que los primeros meses fueron más difíciles de lo que creíamos.

— ¿Qué le dirías a quien desde el kirchnerismo dice: "¿qué pesada herencia si les dejamos un país desendeudado?"? Es decir, qué más leve puede ser la situación de traspaso de entregarle a alguien un país, el menos endeudado del planeta, ¿qué le dirías?

— Que es una mentira, que no puede haber un país desendeudado cuando nosotros heredamos  un país con unos de los niveles de déficit fiscal más altos de la historia, esa diferencia entre los ingresos del Estado y lo que el Estado finalmente termina gastando, alguien la tiene que pagar. Bueno, en este caso no teníamos endeudamiento externo, porque el país dejó de ser sujeto de crédito para el mundo precisamente porque había perdido la confianza, pero endeudamos al Banco Central a niveles récord de la historia y eso tenía una clara consecuencia en haber convivido durante diez años con uno de los niveles de inflación más altos del mundo. En pocas palabras, no nos endeudamos más porque nadie nos prestaba y no nos endeudábamos con el exterior, y en consecuencia nos terminamos endeudando internamente con el Banco Central, con el ANSES y con el Banco Nación, con cualquier dependencia del Estado a la cual le podían sacar algún peso.

— Bien, pero el total de deuda generada interna podríamos decir, en el caso de Brasil por ejemplo que no tiene deuda externa y tiene interna...

— Pero acá estamos hablando de una deuda casi intra sector público.

— A ver, explicame un poquito mejor para los legos en economía.

— Bueno, es fácil viéndolo desde este punto de vista. El gobierno kirchnerista, cuando agotó los años de tipo de cambio competitivo, en el cual también se iba licuando el déficit fiscal, empezó a tener déficit todos los años y ese déficit se iba financiando con la emisión monetaria, porque con algo se tiene que financiar. Un país que tiene déficit fiscal o se endeuda o emite, le da la maquinita de hacer pesos al Banco Central para pagar esa diferencia. Cualquiera de las dos formas de financiar el déficit tiene su riesgo y por eso es tan importante el camino que estamos llevando adelante nosotros de ir gradualmente hacia el equilibrio de las cuentas públicas, financiándonos con la confianza que hemos podido generar en los mercados. Por supuesto que emitir para financiar el déficit tiene el riesgo o la consecuencia de que eso termina en inflación, como ocurrió en la Argentina, pero no hay posibilidad alguna de tener déficit fiscal, es decir, que un Estado gaste más de lo que se recauda sin que eso tenga una consecuencia negativa.

— Pero a ver, pará, a ver si eso lo podemos poner en forma clara.

— Insisto y no es... y no está para nada claro que la deuda sea un peor remedio que la emisión monetaria para cubrir esa diferencia entre lo que ingresa en un Estado y lo que el Estado gasta.

— Dejame ponerlo en estos términos, el kirchnerismo asume en el 2003 con una inflación de alrededor del 6% y la entrega con no sé 24, 28...

— Sí, pero no es... Pero lo peor es que es una inflación acumulada de, insisto, de casi diez años en los niveles más altos del mundo. 

— Bueno, entonces vos podrías decir que agregarle 20% de inflación a un país, puede ser igual de grave que agregarle 200 mil millones de dólares de deuda externa.

— Sí.

— Estoy tratando de ponerlo en términos que sean fácilmente comprensibles.

— Por supuesto, insisto que las dos cosas son riesgosas, porque en una terminás en un proceso inflacionario descontrolado e impactás negativamente sobre todo en los sectores más vulnerables de la sociedad. Por supuesto también lo que implica la alta inflación para las decisiones de inversión de un país, y en el otro lado también podés terminar sin crédito, porque ese crédito se agota, se agota la confianza y también termina siendo una situación explosiva. Precisamente eso fue lo que evitamos nosotros cuando asumimos, que la argentina terminara como terminó tantas veces el agotamiento del modelo populista en una situación explosiva, en una gran crisis. Precisamente por restaurar la confianza y por lograr que esa confianza se transformara en crédito, en un crédito que nos permite hoy en día financiar este camino gradual hacia el equilibrio de las cuentas públicas que es indispensable para sostener el crecimiento y para sostener este camino que hemos emprendido y por eso el presidente tiene este compromiso con todos los años tratar de que ese desequilibrio, ese déficit fiscal se vaya reduciendo. 

— Con un crecimiento del 3% como es el que está previsto, ¿cuántos años son necesarios para reducir el déficit fiscal a un porcentaje que sea razonable y que no genere la necesidad de emitir, o sea de que haya impuesto inflacionario?

— Nosotros ya fijamos metas muy concretas. Este año tenemos que tener un déficit de 4.2% del producto o menos, yo creo que vamos a terminar abajo de eso. El año que viene tenemos que tener un ahorro por lo menos de un punto del producto y terminar en un déficit de 3.2%. Y así sucesivamente, tenemos que ir tratando de que año a año por lo menos bajemos un punto del producto en términos de nuestro déficit hasta llegar al equilibrio. Si logramos sostener esta política en el tiempo...

— ¿Podríamos decir tres, cuatro años?

— A mediados del próximo gobierno...

— Período presidencial.

— Período presidencial, deberíamos ya estar en equilibrio de nuestras cuentas públicas.

— ¿Y qué pasaría si en estos tres, cuatro años, hay alguna situación internacional que hace que se cierre el crédito? Independientemente de que seamos creíbles, como otras veces ha sucedido. Pongo el ejemplo de Corea, pero bueno, el mundo está lleno de vicisitudes que hoy no podemos imaginar.

— Sí, nosotros nos podemos manejar con variables endógenas a nuestro modelo y, es más, si no ocurriera nada excepcional, nuestros análisis de lo que está ocurriendo en el mundo nos hacen tener confianza de que esta financiación de nuestro déficit o este acompañamiento, este camino gradual hacia el equilibrio fiscal que estamos emprendiendo, lo vamos a seguir sosteniendo. Si esto no ocurriera, bueno, tendremos que ver qué hacemos, si tenemos que acelerar ese camino o encontrar alguna otra salida.

— ¿Cómo se lograría el año próximo bajar un punto el déficit de...?

— Bueno, un requisito fundamental es crecer, ¿no? 

— Por eso preguntaba, porque hay gente que... hay economistas que te dicen que creciendo al 3% no alcanza.

— Yo creo que vamos a crecer más que un 3% el año que viene, estoy convencido de que ya vamos a terminar con un arrastre de lo que...

— De fines de este año.

— De fines de este año, que vamos a estar creciendo con más fuerza que a comienzos de año y que eso nos va a dejar posicionados para esperar un crecimiento más cerca del 4% que del 3 y por supuesto, cuando uno crece, todo se facilita. Y tenemos que ser muy cuidadosos con...

— Perdón, podríamos explicarle al lector no interesado en economía que el déficit financiado con inflación no solamente tiene el costo de endeudamiento dentro de distintos organismos del Estado, sino también que frena el crecimiento.

— Por supuesto.

— Ese es el mayor costo.

— Primero que es el peor impuesto para los sectores más vulnerables de la sociedad y segundo que es claramente una restricción, una traba para el proceso de inversión. Por eso lo que estamos haciendo nosotros es lo que hay que hacer, es ser muy consistentes y prolijos en el manejo de los recursos públicos, es entender que tenemos que cumplir con este camino hacia el equilibrio de las cuentas públicas con el que nos comprometimos frente a los que hoy nos están financiando.

— Pero esencialmente la clave es crecer, porque digamos, si no se crece...

— Y que ese cumplimiento de nuestros compromisos, tiene como consecuencia también, la posibilidad de acceder a más inversiones y a más crecimiento del nivel de actividad, que es lo que estamos viendo que está ocurriendo. Por supuesto que no es un proceso fácil, primero también porque todavía tenemos una inflación residual, una inflación que no es fácil bajar, que este año va a ser la mitad alrededor de lo que fue el año pasado, que el año que viene va a ser aún más baja y que vamos a llegar a tener una inflación de un dígito como se comprometió el presidente, en línea con lo que pasa con otros países de la región al final de su mandato. Pero en eso también tenemos que ser muy consecuentes, en entender que para cumplir con nuestro programa fiscal, necesitamos cumplir con nuestro programa monetario y viceversa. Para cumplir con nuestro programa monetario necesitamos ser muy responsables y  consecuentes en el manejo de nuestra política fiscal.

— Entonces también que sea un economista el Ministro del Interior es otro tema, no  solamente que tenga Interior y Obras y Servicios públicos y Vivienda, como por ejemplo el plan PROCREAR, pero que además sea economista, implica una señal respecto de cuál es la problemática de la política argentina.

— Sí, bueno, lo mismo se podría decir del presidente ingeniero. Sí, también...

— Está bien, pero el presidente es una sola persona, por lo tanto, vos no podés...

— Optar.

— Optar...

— Por otro.

— Pero en el caso de ministros vos podés suponer que hay especificidades que hacen que...

— Y se da otra característica, que la cuento porque me la dijeron hace un tiempo, de que es la primera vez que ni el Presidente, ni el Jefe de Gabinete, ni el Ministro de Interior son abogados.

— Son abogados.

— Sí.

— Ni los dos vicejefes de Gabinete.

— Ni los dos vicejefes de Gabinete. Sí, yo creo que es una casualidad, pero creo que para un país que tiene muchos problemas, pero sobre todo la necesidad de crecer y de desarrollarse desde el punto de vista económico, tener una mirada desde la problemática del interior del país, de las responsabilidades desde el punto de vista político que tiene un Ministro del Interior que además tiene una mirada económica, me parece que suma, de hecho, yo estoy en el gabinete económico también. 

— Por lo tanto, habrás muchas veces pensado y reflexionado y respondido las críticas que se hacían el año pasado respecto de que el Banco Central tenía una política diferente a todo el grupo económico que se fue dividiendo el área económica y frases como que uno prendía el refrigerador y el otro la calefacción, de que en un lado se era gradualista y en el otro lado se hacía shock. Respecto a ese diferente grado de gradualismo entre la política monetaria y la política fiscal, ¿qué podrías responder?

— Yo creo que fue muy interesante todas las discusiones que tuvimos en el seno del gobierno, del gabinete económico y creo que estas miradas en donde cada uno defiende su posición y sus responsabilidades concretas, si es un debate serio y responsable, creo que es enriquecedor también para un gobierno y me parece que se tomaron a partir de esos debates y esa búsqueda de consenso, decisiones políticas acertadas y yo creo que al final del día lo que hay que mirar es si la inflación baja, si el déficit fiscal baja, si la economía crece, si el empleo se recupera y son todas cosas que están ocurriendo, así que...

— No, claro, pero la crítica era respecto del 2016 de que el crecimiento era mucho menor del esperado, teníamos decrecimiento, es decir, que había un costo en la economía que no tenía su correspondencia con la baja de la inflación inicial.

— Sí, pero las discusiones eran en el margen, nosotros todos estábamos con testes y de acuerdo en que la lucha contra la inflación era una prioridad para crecer, que por el contrario, una reducción de la inflación iba a ser positiva para el nivel de actividad económica. Por supuesto que la discusión era si teníamos que bajar la tasa de interés más rápido o más despacio, pero la discusión insisto era en los márgenes, no había una discusión en los objetivos de políticas económicas.

— Vos sucediste al frente del Banco Ciudad a Sturzenegger y me pregunto si tu abuelo le hubiera dicho a Sturzenegger como le dijo Alsogaray: "matando al paciente también se baja la inflación, hay que sanarlo, hay que bajar la inflación sin enfermar al paciente", y después criticaba el sacrificio del consumo o la declinación de la industria nacional.

— Bueno, insisto con lo que dije antes, evidentemente pudimos zanjar estas discusiones, cada uno desde su mirada y también cada uno defendiendo su lugar y sus responsabilidades de la mejor manera porque el presidente, que es el que termina definiendo la política económica al fin del día, sobre todo cuando hay miradas distintas, eligió el camino correcto, habida cuenta de los resultados que estamos viendo hoy, donde insisto, baja la inflación, crece el nivel de actividad y está creciendo el consumo también. Tengamos en cuenta también que en un país como la argentina, con un mercado financiero atrofiado como el que tenemos, uno de los más chicos del mundo en términos del tamaño de nuestra economía, la tasa de interés es relevante pero tampoco decisiva, insisto, por más que algunos podamos haber creído que tendríamos que haber hecho una reducción de tasa mayor o en menor tiempo, al final del día, creo que el presidente zanjó estas discusiones de la mejor manera y la realidad que estamos viviendo hoy es la prueba de esa buena decisión.

— A modo de cierre quiero ir al comienzo en el tema de la incomprensión que tuvo en su momento la sociedad con el desarrollismo, la importancia de comunicar y quiero hablar de la grieta. Uno de los problemas que tuvo el desarrollismo, es que otra grieta, la super grieta, la grieta entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética dividía al mundo de una manera en el cual todo acercamiento a cualquier posición que pudiera ser interpretada como cercana al comunismo, era tomada como una especie de sacrilegio, y el comunista era un insulto como palabra era lo que siempre se trabajaba criticando a Frondizi, criticando a tu abuelo, el pasado marxista y pudiera decir que uno de los problemas que tuvo tu abuelo y Frondizi es que estaban del lado de la grieta en el que no coincidía los sectores yo diría socio-económicos más pudientes de la Argentina. Hoy Cambiemos está del lado de la grieta opuesta, no está de un lado de la grieta en el que se le pueda acusar de estar en contra del orden económico mundial, sino más bien todo lo contrario. Esa es una, obviamente de las diferencias entre Cambiemos y Frondizi y tu abuelo, que, aunque no puedan ser definidos de izquierda y derecha, pero claramente hay dos lugares en la grieta. O sea, la grieta hoy si uno la plantea entre la grieta que nace con unitarios y federales, con Yrigoyen, con el peronismo y si vos querés, con el kirchnerismo y, por otro lado, Alberdi y los liberales, la centro-derecha y si vos querés, los radicales y podés hacer una construcción en que en líneas generales, a lo largo de los años se ha repetido un posicionamiento de dos culturas, dos maneras de hacer política, si vos querés, la técnica versus...

— Es que creo, perdón, creo que nosotros estamos haciendo algo disruptivo en términos de esos...

— De esas categorías.

— De esas categorías. Como también lo hizo Frondizi en su momento porque si bien es cierto que algunos lo acusaban de comunista, mi abuelo por su pasado o por algunas posiciones, por ejemplo, la posición con Cuba...

— Recibir a Fidel Castro, comerciar con la ex Unión Soviética.

— Muchos otros lo acusaban de pro yanqui o pro imperialista por abrir el país a las inversiones extranjeras y por los vínculos que tenía... los buenos vínculos que tenía la Argentina en aquel entonces con...

— Pero por lo que lo echan, para ponerlo así, la excusa por la que lo echan.

— Esa fue la excusa, esa fue la excusa.

— La excusa por la que lo echan es acusándolo y bueno, de hecho...

— Pero eso fue una excusa vinculada más con haber tocado intereses de un establishment, al contrario, era un establishment que se sintió afectado por las políticas, pero el establishment no era... era precisamente parte de los círculos de poder, hoy...

— Eso mismo estoy diciendo.

— Hoy, nosotros, a nosotros nos cuesta... No es fácil encasillarnos porque también nos critican por tener el presupuesto más alto de la historia para gasto social, nos critican por nuestro gradualism o, por no aplicar políticas de shock por un lado, pero por otro lado nos critican por ser los personeros de imperialismo y del ajuste. En consecuencia, creo que...

— Pero en general la crítica que les hacen va más mayoritariamente por el lado de ser el gobierno de los ricos, quiero decir, el significante con el que ustedes son atacados...

— Pero te digo, como nosotros no nos hacemos cargo...

— No digo que sea justo, lo que estoy diciendo es que eso es lo que representa...

— Yo lo entiendo, pero nosotros no nos hacemos cargo de eso porque está claro que hemos probado que no hubo otro gobierno en la historia de la Argentina que le haya dado tantos... que haya hecho una redistribución del ingreso tan marcada, en función de su presupuesto como hizo este gobierno, insisto también con esa distinción entre unitarios y federales. Nosotros somos un gobierno que tiene una experiencia sobre todo de gestión en la ciudad de Buenos Aires y, sin embargo, creo, estoy convencido que vamos a ser recordados como el gobierno más federal de la historia de la Argentina, desde lo gestual hasta lo concreto.

— Bien, ahí iba.

— Desde ser el presidente que más viajó al interior, ministro del interior también que seguramente más viajes hizo el interior del país, con el gobierno que por primera vez en la historia de Argentina les devuelve recursos a las provincias. Entonces, ¿quién puede decir - más allá de los prejuicios ideológicos- que nosotros somos un gobierno para rico o un gobierno unitario?

— No, estamos hablando de la grieta y me parece muy bien que vos ahí marcás, mirá un elemento que cruza la grieta es que nosotros pretendemos encarar el gobierno más federal, entonces a lo que iba es, uno de los problemas que tuvo la Argentina... Argentina es el país que menos ha crecido en los últimos 70 años en el mundo, somos un caso de todo lo contrario...

— Sí, sí, de estudio.

— De desarrollo, de estudio por el opuesto. Una de las causas que vos le atribuís es un exceso de ideologización, de catectizar cada una de las decisiones desde un punto de vista ideológico no desde un punto de vista pragmático. ¿Puede ser que otro de los elementos sea la persistencia de esa grieta que puede ser útil desde el punto de vista electoral en determinado momento, pero finalmente es muy malo para el país?

— Yo creo que la grieta es muy mala para el país y creo que una utilización de esta grieta desde el punto de vista electoral sería algo muy irresponsable.  La grieta está, es parte de la realidad, es parte de lo que nos dejó el gobierno anterior, es lo que tenemos que tratar de superar, evidentemente es otra de las cosas que está costando más de lo que creíamos originalmente, pero en la medida en que nosotros podamos avanzar con éxito en esta transformación de la Argentina, yo creo que también la grieta se va a ir cerrando. En la medida que demostremos que la gente puede vivir mejor sin estar gobernada por una administración populista si no haciendo las cosas que hay que hacer, gobernando con una mirada de largo plazo, y no solamente con un horizonte que termina en la próxima elección, eso va a tener el mayor impacto en la posibilidad de cerrar esta grieta que coincido es tremendamente nociva para la Argentina y es también nociva desde el punto de vista económico. Así que aún desde esa visión economicista, uno debería tener la disposición, la predisposición para tratar de cerrar esas diferencias.

— ¿Se podría decir que la grieta es el resultado del no éxito? Es decir, que hace 70 años que ningún gobierno tiene éxito.

— Yo creo que sí, yo creo que es eso.

— Ni populista, ni no populista, ¿que se va a cerrar el día de que uno tenga éxito y a partir de eso se continúe esa línea?

— Yo creo que sí, que lo importante es por primera vez en la historia de la Argentina, elegir un rumbo correcto, adecuado, en línea con los intereses nacionales y sobre todo ser persistentes en ese camino, creo que el principal desafío nuestro no es elegir cuál es ese rumbo, creo que ese rumbo ya se eligió y tampoco es tan difícil saber para dónde teníamos que ir. Lo difícil es ser persistentes en ese camino, lo difícil...

— No, pero antes de eso, primero hay que tener éxito para poder ganar las elecciones.

— No, no, pero digo, lo primero, lo difícil es ser persistentes en ese camino, lo difícil es no escuchar los cantos de sirena del populismo frente a cada dificultad y retroceder y por supuesto también, lo difícil o lo innovador, es lograr que esas políticas correctas, adecuadas, en línea con las políticas que hacen los demás países que les va bien en el mundo, tengan un resultado concreto también para los sectores más populares de la Argentina, que es lo que estamos haciendo, y por eso el gradualismo y por eso nuestro presupuesto que redistribuye ingresos en favor de los que menos tienen, y por eso la obra pública vinculada con el agua potable, con la cloaca, con la vivienda, porque es cierto, nosotros tenemos la obligación de transformar este país, de generar una trayectoria de crecimiento, de desarrollo sustentable, pero el requisito para eso también es demostrar lo más rápido posible, que eso es... que eso le cambia la vida y que eso mejora, le da felicidad al pueblo argentino de manera...

— Palpable.

— Palpable, y bueno, creo que también en eso, también hay un componente importante en  términos de la comunicación.

— ¿Hay algo que no te haya preguntado y quieras agregar?

— No, creo que fue una conversación muy interesante.

— Bueno, muchísimas gracias.

— Gracias.

(Perfil)

 Gustavo Valdés, Carlos Espínola y Sebastián Ríos // domingo 08 de octubre de 2017

 

Un total de de 810.668 personas están habilitadas para votar este domingo. Valdés es el candidato apoyado por el Gobierno y en la opción está Espínola y Brisco.

Las elecciones para elegir gobernador comenzaron esta mañana en la provincia de Corrientes con demoras en la apertura de algunas mesas y en un escenario polarizado entre el candidato del oficialismo nacional, Gustavo Valdés, y del peronismo, Carlos Mauricio "Camau" Espínola. La tercera fórmula la lidera Sebastián Ríos Brisco, del partido Proyecto Popular.

Un total de de 810.668 personas están habilitadas para votar este domingo en los comicios, en los que también se elegirán cinco senadores y 15 diputados locales.

Cambiemos buscará ratificar su poder en la provincia de la mano del radical Valdés, que cuenta con el apoyo del actual mandatario Correntino, Ricardo Colombi.

Del otro lado, el PJ postula al ex intendente de la capital provincial, quien realizó su campaña con fuertes críticas al Ejecutivo y alejado del kirchnerismo, y al humorista Nito Artaza como candidato a vice, en una lista en la que también se incluye al massismo.

La tercera fórmula que compite es del partido Proyecto Popular, que está integrado por un sector macrista que rompió su alianza con ECO-Cambiemos en la provincia y lleva a Sebastián Ríos Brisco como aspirante a gobernador, acompañado por Lorena Macri.

Estas elecciones serán la última previa a las legislativas nacionales del 22 de octubre, por lo que el Gobierno de Mauricio Macri bajó un fuerte apoyo con anuncios de obras públicas y programas sociales durante la última semana de campaña, al mostrarse en suelo correntino con varios funcionarios junto a Colombi.

En tanto, Valdés confió en que van a "ganar en primera vuelta y a consolidar Cambiemos en Corrientes", aunque para lograr eso y evitar un balotaje, el oficialismo deberá conseguir más del 45% de los votos o el 40 por ciento con más de 10 puntos de ventaja con el segundo.(M1)

Puesta en marcha. Macri, Frigerio y la candidata bonaerense, Gladys González, durante una recorrida por las obras de la red troncal de cloacas en Dock Sud. Foto:Cedoc Perfil  domingo 08 de octubre de 2017

 

El Gobierno mide todo con encuestas. En una de las tantas que realiza cotidianamente, mandó a evaluar qué obras eran las más demandadas en el conurbano bonaerense y se encontró con una sorpresa: las cloacas no estaban al tope ya que, para la mayoría, eran anhelos inalcanzables. El asfalto, el cordón-cuneta y la luminaria aparecían antes.

En este contexto, Mauricio Macri se trazó como uno de sus principales desafíos de gestión apelar a las obras públicas como clave para ganar las elecciones. En otras palabras, el “voto cloaca”.

Según datos oficiales a los que tuvo acceso PERFIL, en lo que va del mandato de Cambiemos hay 711 obras de cloacas y 441 de agua potable, en 18 municipios del conurbano bonaerense, a cargo de Aysa. Esto equivale a $ 273 millones por día, a un ritmo de poco más de una obra de cloaca diaria (1,065 en promedio) desde que asumió Macri.

De ese territorio, si se toman en cuenta nueve municipios en los que ganó Unidad Ciudadana con Cristina Kirchner como candidata, hay 465 obras de cloaca en ejecución. Entre ellas, en el bastión del kirchnerismo, la tercera sección electoral: La Matanza (123), Lomas de Zamora (64), Avellaneda (39) y Almirante Brown (65). De hecho, en las PASO, el peso decisivo de estos municipios fue determinante para que la ex presidenta pudiera alzarse con una exigua victoria por 20 mil votos contra Esteban Bullrich, de Cambiemos. Por ello, creen en el oficialismo, el “voto cloaca” podría ser decisivo: una obra mucho más cara que el asfalto, menos visible, pero por encima de las expectativas que expresan los bonaerenses.

“Tenemos el compromiso de que haya un 100% de cobertura de agua potable en dos años en zonas urbanas y cloacas en todos los municipios a final del mandato”, explicó a PERFIL Rogelio Frigerio, ministro del Interior, de quien depende Aysa. Con el plan de obras se alcanzará a más de 3 millones en el primer caso y más de 1,8 millones en el segundo en el Conurbano. “Además, el 80% de los efluentes cloacales no tenía ningún tratamiento y se vertía en arroyos y ríos. Por eso estamos haciendo plantas de tratamiento también”, destacó Frigerio.

La más importante es la obra de la red troncal de cloacas que comenzó en Dock Sud. Según fuentes oficiales, hacía más de setenta años que no se construía una planta de este tipo, que recolecta a la vera del Riachuelo y el ducto va a la mitad del Río de la Plata, donde se vierten los efluentes tratados. La megaobra, que comprende un túnel de 12 kilómetros, está financiada por el Banco Mundial por US$ 1.200 millones, y fue iniciada en julio con bombos y platillos.

El Gobierno triplicó la cantidad de licitaciones para la construcción de cloacas y agua potable en 18 distritos del conurbano bonaerense y la Capital Federal: pasó de 32,7 licitaciones en promedio por año en el período que gobernó Cristina Kirchner a unas 89,5 en lo que va de gestión macrista.

Paralelamente, en el Gobierno piensan en una reingeniería dentro de Aysa, bajo dos preceptos. En primer lugar, cambiar la normativa para que pueda llegar a barrios y asentamientos. “Hoy no llega a pasillos dentro de las villas”, ejemplificó una fuente oficial. En segundo lugar: para que pueda salir al mercado y conseguir financiamiento externo.

Con los créditos de Procrear, se lanzó el plan Mejor Hogar, que contempla que en aquellos domicilios donde no hay conexión de agua o gas, pero la red troncal ya está instalada, se pueda instalar la conexión con un préstamo blando.

Con la misma lógica, a la gobernadora María Eugenia Vidal le gusta decir que en la Provincia va “a lo profundo, a lo que no se ve” cuando, paralelamente, se invierte en obras hidráulicas para mitigar inundaciones. Quizá para 2019 se hable del “voto hidráulico” en el Conurbano.(Perfil)

En defensa del radicalismo: “La UCR necesita participar de las decisiones. Y debe aportar su propio candidato dentro del espacio para las elecciones de 2023.” Foto:iglesias  sábado 07 de octubre de 2017

 

Cofundador de la coalición con Macri y Carrió, eligió apoyarla sin cargos. El peso de la UCR. Candidatos propios, reelección y 2023. Su relación con el Presidente. CFK. El estilo Lilita.

—A principios del año pasado, en otro reportaje, le pregunté qué candidato a presidente tenía o preparaba a futuro el radicalismo y usted me dijo que sí lo tenían. “Espere hasta 2017, hacemos otro reportaje después de la elección y le contesto”. Esa fue su respuesta textual.

—(Risas). Bueno, aquí estamos.

—¿Quién sería él o los radicales que usted imagina presidenciables?

—Cuando le contesté eso era porque advertía que había una generación joven que empieza a mostrarse y sacar la cabeza. Por ejemplo José Corral, que hoy es presidente del partido y puede ser el próximo gobernador de Santa Fe. No por casualidad uno de los resultados más importantes en términos cuantitativos lo tuvimos allí. Además, cualitativamente implica una nueva visión del radicalismo desprendido del acuerdo con el socialismo, lo que fortaleció a Cambiemos. Mire lo que ha cambiado en todo este tiempo. No tenía muy en claro cuál podía ser nuestro derrotero y en mi interior tenía cierto temor a que cada una de las partes de Cambiemos fuera más importante que el todo, que el PRO cometiera un error que era hasta lógico en ese momento: avanzar con la fortaleza que le daba gobernar el país, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad, cosa que nadie había logrado en Argentina al menos desde 1983 hasta hoy.

"En un principio temí que, con tanto poder, el PRO avanzara sobre otras partes de la coalición. Nunca pasó".

—Lo tuvo Alfonsín por dos años. Aunque la Ciudad tenía un intendente elegido por el Presidente.

—Claro, pero elegido por el pueblo ésta es la primera vez. El PRO pudo tener esa natural inclinación de querer avanzar, de construir su propia identidad y olvidarse de Cambiemos, así como el radicalismo podía tener una actitud parecida, más que nada como mecanismo defensivo, algo proactivo como suelen decir en el PRO. La coalición era un interrogante, porque la propia personalidad de Carrió siempre fue un interrogante. Un año y medio después debo decirle que cualquier análisis de las personas queda en un segundo plano, porque lo que se ha demostrado es que las partes han confiado más en el todo que en sí mismos y se trabajó mucho para darle una identidad a la coalición. Esto tuvo una consecuencia en lo electoral y en el futuro de las partes, porque si todo sigue bien puede haber un segundo mandato de Macri y el radicalismo, como el peronismo, va a tener que invertir tiempo para construir un liderazgo que luego le permita, en 2023, competir por la presidencia. Si usted me dice si tenemos algún candidato firme para 2019 le tendría que contestar que estamos con alguna dificultad porque ese cambio generacional está a medio camino. Lo mismo le pasa al peronismo. Los gobernadores, Uñac, Casas, Passalacqua, Bordet, toda esa nueva generación, tendrán que dar batalla en su propio partido en una suerte de parricidio regional con los caudillos que ellos han sucedido. No es el caso de Urtubey, pero agreguémoslo. Pensar en una candidatura durante los ocho años de Macri, me atrevo a decir, nos permitirá consolidar a Cambiemos.

"La coalición era un interrogante porque la personalidad de Carrió siempre lo fue. Confiamos en el todo”.

—¿Cuáles serían los radicales que imagina con esa potencialidad hacia 2023?

—No diré nada muy novedoso. José Corral, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo, Ramón Mestre, Eduardo Costa, que ya no es una promesa sino una realidad, que ha ganado dos veces en Santa Cruz y puede ser un muy buen gobernador, la expresión de una generación de dirigentes radicales con expertise, con vinculación con el mundo empresario. Atilio Benedetti ganó en Entre Ríos y probablemente sea candidato a gobernador en el 2019, y quién le dice que, ya que siendo gobernador, también se incorpora a ese lote. Hay un recambio, nombres que probablemente no suenen para 2019, pero sí para el futuro.

—¿Cambiemos ha logrado amalgamar la identidad de los partidos que lo componen y el día que Macri no pueda ser más candidato habría una interna dentro de Cambiemos que evite que cada partido presente candidatos por separado?

—Cambiemos es más que Macri. Lo que ha ocurrido en la Argentina es la irrupción de un nuevo sistema político que maduró mucho en este último año y medio. La reconstrucción de ese sistema es clave para comprender lo que ocurre y lo que viene. Tuvimos una fuerte crisis con el bipartidismo clásico, que era PJ-UCR, UCR-PJ. Lo que se reconstruyó desde 2001 en adelante no fue novedoso: México lo había vivido con su partido, el PRI. Cristina Kirchner quiso hacer algo parecido cuando sacó el 54% en 2011, cuando dijo “Vamos por todo”. Por suerte llegó 2015, que era una gran incógnita. Nadie sabía si eran unas vacaciones breves con algo distinto o una bisagra, un proceso nuevo. Pero después de un año y medio se demostró que es una bisagra histórica. La reconstrucción del bipartidismo con dos partidos que son dos coaliciones. Pensé que la reconstrucción le iba a resultar más fácil al peronismo, dejando de lado a Cristina, con una regeneración de liderazgo, discusión interna y Massa al frente del proceso. Pero fue al revés. Cambiemos ocupa hoy el lugar del peronismo tradicional. La ventanilla única el día de la elección con solidez territorial, apalancamiento de la gestión de gobierno desde el Parlamento, desde la política, fluidez de diálogo y madurez. Ocurrió en las PASO y ocurrirá en octubre. Y eso es muy bueno, porque nos convoca a un desafío distinto. Antes era la oposición la que rendía examen viendo cómo se paraba frente a un peronismo con los problemas resueltos con esa cuestión movimientista que todo lo puede. Ahora es al revés. Cambiemos tiene solidez, perspectiva en el tiempo, las posibilidades de un período de cuatro años y una reelección, lo que rompe el mito que decía que en Argentina nadie que no fuese peronista podía terminar un mandato. El peronismo debe encontrar un líder, unirse, aggiornarse, dar prueba de su fe republicana, cosa que hoy veo bastante complicada.

—¿No será que usted percibe un cambio gigante porque estuvo muchos años en la oposición? ¿No cree que le pasa como a Carrió cuando dijo: “Yo estaba acostumbrada a perder”.

—(Risas). Lo dijo, sí.

—Macri habla de 20 años de crecimiento sostenido. Pero cada presidente que ganó la primera elección de medio turno soñó con que todo cambiaría. Lo hizo Menem con su re-reelección, Alfonsín con su Tercer Movimiento Histórico y Kirchner, con el cuatro por cuatro, cuatro de Néstor, cuatro de Cristina.

—Sí. Todas coaliciones.

—En las cuales había una hegemonía y una oposición fragmentada. Ahora cambió la hegemonía, pero el sistema repite el mismo ciclo de los últimos 35 años, con el peronismo como opositor.

—No es un dato menor.

—No lo es, pero pareciera ser que el bipartidismo no está dentro de nuestro menú, ha desaparecido.

—Creo lo contrario. No es menor que hoy el peronismo esté en la situación incómoda que antes tenía la oposición. Exceptuando al Alfonsín de los años 80, que era un proceso muy diferente.

"Si las cosas se dan, Macri será reelecto y la UCR y el PJ tendrán que construir liderazgos sólidos para 2023".

—Pero en esos tiempos había un oficialismo y el peronismo opositor era lo suficientemente fuerte como para controlarlo y sucederlo. Ahora la oposición no puede controlar al oficialismo, y sucederlo porque está en una continua diáspora.

—Que no pueda hacerlo por incapacidad política es una cosa. Pero el oficialismo no tiene mayoría, con lo cual la oposición puede tranquilamente ejercer ese rol en el Congreso. El gobierno de Macri está frente a un trilema: salir del populismo, gobernar en minoría y confirmar su triunfo en la elección de medio término. Esas tres cosas son tremendas y el Gobierno, que podía haber sucumbido ante alguna de ellas o haber dejado en el camino alguna no cumplida, enfrenta ese triple desafío dando pautas de un cambio en Argentina. Estoy convencido que estamos viviendo una historia muy diferente a las anteriores, una nueva etapa con nuevos acuerdos políticos. Tal vez por olfato personal, o por pertenecer a una generación que participó en estos últimos diez años de la política, debo decirle que el fracaso pesa muchísimo y eso lo veo en mucha dirigencia política transversal. Por eso me animo a imaginar esta nueva etapa. El fracaso es intangible, no se cuantifica, pero se lo advierte en gran parte de una generación política.

—Pero antes había partidos para sostener el fracaso de sus espadas políticas.

—Era parte del fracaso.

—Quien pierde una elección en un sistema bipartidista puede ganar la siguiente, no desaparece y se atomiza: el partido funciona como contenedor. Hoy el fracaso pesa tanto porque el dirigente siente que si fracasa de-saparece, no tiene retorno.

—Sí, pero no es ésta la realidad que vivimos. Las cosas no son iguales. No es igual la reconfiguración del sistema y no están más los viejos partidos. Tenemos coaliciones que son puestas a prueba todos los días. Y pongo el foco en Cambiemos, que es la coalición que está en pie porque el peronismo sigue muy dividido. Cambiemos demuestra cada día su dinámica interior, su compromiso, su convicción, su mirada estratégica, todas las cosas que conforman una organización política. Noto una gran madurez en cada reunión que tengo con la gente del PRO, con radicales, o en la relación que construimos con Carrió. Eso me anima, me entusiasma y me da esperanzas. Además, surgen nuevos referentes. ¿Quién hubiera pensado en María Eugenia Vidal hace dos años? ¿O en Marcos Peña?, por citar gente del PRO. Aparece Martín Maquieyra, un chico de 28 años y le gana al candidato de Carlos Verna. ¿Quién hubiera dicho que el radicalismo contara con esos nombres que le di antes? Y me quedé corto, porque hay más. Estamos viviendo un momento que, estoy convencido, no es para el fracaso sino para salir del fracaso. Tal vez suene demasiado optimista, pero interiormente tengo un optimismo que está fundamentado.

—¿No cree que la verdadera nueva época la define el fin del bipartidismo?

—Del bipartidismo tradicional. Pero lo que viene es un nuevo bipartidismo aggiornado, con dos coaliciones.  

—¿No cree que eso es lo que no existe hoy?

—Hoy no. Pero estoy convencido que en los próximos años, no sé si en dos, tres o cuatro, iremos hacia una recomposición del sistema político. La novedad, el hecho de-sencadenante no es el peronismo, es Cambiemos. Nuestra gran prueba de fuego llegará después de los ocho años de gobierno que, estoy seguro, tendrá Cambiemos. Entonces habrá que demostrar que Cambiemos, en la oposición, puede seguir subsistiendo. El hecho de que haya ocho años de Cambiemos en el poder, es algo revolucionario en la Argentina. Porque eso marca que el peronismo ya no es el mismo de antes, el que siempre conocimos.

"Me animo a decir que tras ocho años, el gobierno de Macri será un gobierno de transición".

—¿Usted cree que Cristina Kirchner logrará unir al peronismo?

—No.

—¿Cree que ella va a de-saparecer de la política en los próximos cuatro años?

—No va a desaparecer, pero se va a transformar, en la práctica política, en una líder de una secta minoritaria.

—Una secta con el 15% del total de los votos del país, ¿no es más que lo que fue el radicalismo en los últimos 15 años?

—Nosotros nunca funcionamos como una secta. Ellos sí.

—Pero tendrán diputados, senadores…

—Pero menos. Pocos. Después de esta elección van a ir disminuyendo. En el Senado no van a tener más de siete u ocho senadores, un bloque propio de Cristina que será como la representación de lo que tradicionalmente fue en el Senado la conjunción de partidos provinciales, que ya no están más.

—Con esos siete u ocho senadores y veinte diputados,  ¿no serían la tercera fuerza?

—Están lejos de eso. Siguen siendo, cuantitativa y cualitativamente, una representación minoritaria. No hay más espacio para ellos.

—Si repasamos los resultados de las PASO, encontramos a Cambiemos, al peronismo tradicional fragmentado y al kirchnerismo. ¿Eso indica que no habrá un peronismo unido en el 2019?

—Cuando digo que será imposible que se junten, no es por una expresión de deseo. Es una visión de la realidad que comparte gente que, incluso, no coincide con nuestras ideas. Cuantitativamente uno puede pensar que son fuerzas parecidas. Pero no es así. Cuando el peronismo de los gobernadores, de los intendentes, de Massa y de Randa-zzo encuentre puntos en común después de la elección, van a conformar esa coalición. Y el kirchnerismo terminará siendo, en un país que avanza con una economía que va a generar respuestas, una fracción pequeña. Una secta.

—Cuando usted dice secta, ¿se refiera a lo cuantitativo o a lo cualitativo?

—A las dos cosas. Algo pequeño, muy cerrado, sin posibilidades de crecer. El kirchnerismo fue lo que fue, en términos de crecimiento hacia atrás, nunca hacia adelante. La Argentina que viene no le va a ofrecer caldo de cultivo para ese crecimiento. Ellos crecen en el “cuanto peor mejor”, crecen cuando hay un gobierno insensible, alejado de los problemas de la gente, que no genera empleo, con una economía en crisis. Lo que viene no será un paraíso pero será mucho mejor. Este no es, como afirma el kircherismo, un gobierno para ricos. No es un gobierno insensible, sin programa de desarrollo, sin una idea de progreso.

—Resulta lógico pronosticar que Cambiemos tiene más posibilidades que ningún otro partido o alianza para ganar en 2019, y el peronismo tiene, también, más posibilidades de continuar dividido. En cuyo caso lo que se repetiría es una hegemonía como mecanismo de gobierno.

—Le concedo que ésa puede ser una consecuencia no deseada de la reconstrucción de un nuevo sistema político. Si nosotros tuviéramos un sistema político bien reconstruido, en 2019 podríamos tener, en lugar de hegemonía versus oposición, un debate político más rico, más elevado, más profundo. Pero como no lo tenemos, seguimos condenados a discutir futuro versus pasado. En 2015 tenía la ilusión de reconstruir el sistema con nuevos protagonistas, sin Cristina, ahora, en 2017. Pero  seguimos igual.

—¿No cree que la existencia de partidos políticos sólidos no parece ser un fenómeno en la mayor parte del mundo occidental?

—Sí, pero a diferencia nuestra, ellos tienen una estabilidad social, más allá de cómo funcionen sus partidos, que les permite estar evolucionando en el debate. Nosotros tenemos un problema central que es nuestra raíz pendular. Hemos vivido muchos años en un péndulo.

—Donde la fuerza de un polo lleva inevitablemente al otro.

—Justamente. Pero si nosotros nos damos por lo menos estos ocho años, partiendo de 2015, hasta me animo a decir que el gobierno de Macri es un gobierno de transición, camino a concretar la inmensa ilusión de que la Argentina por fin pueda despegar, salir del péndulo.

"José Corral, Morales, Cornejo, Ramón Mestre, Eduardo Costa... La UCR tiene candidatos a futuro."

—Siguiendo esa línea, ¿usted cree que lo mejor sería que en 2023 haya otra coalición que sustituya a Cambiemos y que Cambiemos pase a ser oposición?

—Sí, por supuesto. Ya le dije: ésa será nuestra prueba de fuego, que Cambiemos siga siendo Cambiemos desde la oposición. Lo mismo que hoy se le exige al peronismo, por primera vez: que perdiendo asuma que hay otro que puede gobernar y terminar su mandato.

—Usted conoce a Cristina porque, desde la oposición, compartió con ella años de trabajo en el Congreso. ¿Cree que no será candidata a presidenta en 2019?

—Creo que se puede presentar, cómo no. La secta, el comportamiento de secta, hace que cualquier respuesta hecha desde la política tradicional no funcione. A veces me preguntan: “¿Cristina se presentó por los fueros?”. No, no se presentó por los fueros, se presentó porque está convencida que ella, en un proyecto mesiánico, puede representar a la mayoría de los argentinos. Ese es su gran error. Jamás volverá a representar una mayoría, porque cuando lo hizo defraudó y de eso no se vuelve. Ellos tienen esa visión, con algo de irrealidad en las sectas. Hay mucho fanatismo, un atavismo cultural muy fuerte que también acompaña a intelectuales, artistas, deportistas, amas de casa, militantes sociales. No los desmerezco como espacio de representación político, pero la política es la construcción de mayorías para ejercer el poder, y en ese esquema los veo cada vez más lejos.

—Pero para el peronismo es todo un tema que esa secta, como usted la llama, permanezca con su 10 o 15%. ¿No cree que Randazzo con su 5% fue el que le hizo perder al kirchnerismo las elecciones?

—¿Sabe qué es lo más grave? Que no es cuantitativo. Lo grave para el peronismo es que estarán todo el tiempo corriéndolo por izquierda, y si el peronismo sucumbe a esto, la secta habrá ganado la batalla cultural, más que una batalla cuantitativa.

—¿En qué se tendría que diferenciar ese peronismo no kirchnerista de Cambiemos?

—Tiene evitar que lo corran por izquierda, darse cuenta de cuál es su rol en esta hora tan especial, para poder acordar con el Gobierno y que ese acuerdo no se sienta como un demérito, un desvalor.

"La prueba de fuego llegará tras ocho años y al ver cómo funciona Cambiemos en la oposición."

—A principios de 2016 charlamos sobre las expectativas para el segundo semestre de gobierno. El plan era crecer el 1% y en 2017 crecer 4%. Pero se terminó decreciendo un 3% y este año crecimos al 3%, lo que en conjunto, significa un 1% menos que en 2015. Un gap bien grande. ¿Qué preocupación le genera esa diferencia entre la performance y la expectativa previa?

—No me genera tanta preocupación hacia el futuro porque el error de diagnóstico ocurrió al comienzo y no va a volver a ocurrir. No se están poniendo metas imposibles. Ha comenzado un período de bonanza que debería tener un crecimiento al 3% anual, que es la única manera de absorber los 200 mil puestos de trabajo para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Pero así como no me genera inquietud a futuro, hay que reconocer que nos equivocamos en el diagnóstico y no supimos ver la magnitud de la crisis, ni que el gradualismo que el Gobierno tomó de entrada como una herramienta en la economía, iba a hacer más lentos todos los procesos. El Gobierno tuvo una excesiva confianza en un mecanismo natural, que un cambio de gobierno traería un montón de cosas que después no sucedieron. No puede caer otra vez en el error de pensar que ganar en octubre hará que lleguen las inversiones.

—Usted mencionaba que 3% es lo mínimo necesario para absorber los 200 mil jóvenes que se agregan al mercado de trabajo. Algunos economistas sostienen que no es suficiente un 3% para el nivel de déficit que tenemos porque creciendo así se tardarían 20 años en eliminar el déficit con crecimiento, y endeudarse durante 20 años parece poco probable: si se repitiera una situación externa desfavorable como en 2008, se cierran los mercados de financiamiento y este sistema no se puede sostener. ¿No le genera temor depender tanto de la deuda?

—Precisamente para no caer en el error del comienzo donde una mirada demasiado alentadora generó expectativas que luego se frustraron, creo que un crecimiento del 3%, al menos me sitúa en el presente. Si la política da señales de estabilidad estoy seguro que podemos superarlo. No hablo ni de tasas chinas ni de que nos convirtamos en Singapur o Malasia de los años 90, pero sí de encontrar mejores ratios. Pero un 3% de crecimiento estable en los primeros años, es una revolución en la Argentina.

—Me consta que usted siempre marcó la necesidad de acuerdos, incluso antes de 2015. “Algunos colegas y amigos míos dentro del Gobierno dicen ‘esperemos hasta 2017 para tener más legisladores y entonces sí convoquemos a un acuerdo’, pero yo pienso que es un error”, dijo en PERFIL. ¿Hubiera querido que eso se produjese el año pasado?

—Sí, por supuesto. Pasa que este tema se ha ido desvirtuando mucho y pareciera que uno siempre ha estado propiciando un acuerdo pomposo, fastuoso, y no es así. El acuerdo que planteaba no es más que ponerse de acuerdo en el Congreso con actores que, a la vez, necesitan gobernabilidad en sus provincias. Cuatro o cinco ideas fuerza, un ramillete de ocho o diez leyes, no es más que eso. Lo podríamos haber hecho antes y lo podemos hacer ahora. No veo obstáculos por tener un legislador más o menos. El gran desafío del sistema político argentino es lograr acuerdos en un escenario donde nadie tenga mayoría. Eso no ocurrió nunca en Argentina.

—También dijo, en ese reportaje: “Este es el momento de hacer acuerdos, porque si llegamos a ganar en 2017 se corre el riesgo de que alguien se envalentone y no quiera hacerlos”.

—Hoy, por más que se gane, no habrá mayoría. Por lo tanto, éste sigue siendo un momento propicio. Para mí siempre lo es. No se trata de sólo un momento, se trata de estar permanentemente en estado de acuerdo. Que uno encuentre interlocutores para sentarse y definir un tema. Lo mejor sería sentarse una vez y tratar de que la reforma laboral, previsional, tributaria, educativa, de coparticipación. Pero va a ser imposible. Conozco bastante el sistema político argentino y es muy difícil que eso ocurra. Ocurrió con el Pacto de Olivos, sí, con aquel núcleo de coincidencias básicas. Pero fue un momento de la historia, punto.

—Con dos partidos fuertes.

—Claro. Era mucho más previsible. Se juntaron Alfonsín y Menem, cada uno llamó a los suyos. Eso es imposible, hoy. Con un estado de acuerdo permanente podríamos sentarnos a hablar de dos cosas, después de otras dos y al cabo de un proceso de ocho años, que me imagino podamos tener si todo va bien, dejar un país totalmente diferente. Una Argentina con ocho años de un partido no peronista que terminó dos mandatos, con reformas estructurales que permitan salir del atraso estructural que arrastramos, con un Estado eficiente, más vinculación con el mundo, con una regeneración de su dirigencia política. No es un tema menor.

—Usted compra acciones de la Argentina.

—Por supuesto. Estoy muy  apasionado por este momento de la Argentina. Viví tantos años de frustración mirando hacia adelante sin ver la luz al final del camino, que hoy me deslumbro con este momento donde podemos construir entre todos, nadie es dueño de nada, el poder está equilibrado. Estamos hablando de la política, estamos hablando del Estado, de sus poderes. Hoy hay más poder en Comodoro Py que en siete ministerios juntos, y tienen más poder los medios. Esto debemos discutir.

—Volvemos al tema anterior: si la oposición se fragmenta y no puede controlar al Gobierno, los espacios se llenan y el papel de la oposición la terminan haciendo los poderes fácticos.

—Uno de los grandes temas a discutir, junto con la reconstrucción del sistema político, es el problema de la República Corporativa. Hay que ver cómo se equilibra el poder real y cómo se lo distribuye en una república no corporativa y democrática. Este es otro debate pendiente.

"Pensé que la reconstrucción le iba a resultar más fácil al PJ, sin CFK y liderado por Massa. Fue al revés."

—Usted mencionó el poder de Comodoro Py. En el momento de nuestra última charla el juez Oyarbide era muy cuestionado y usted dijo: “Estoy convencido que Oyarbide hizo cosas que tenían que ver con operaciones combinadas con el Gobierno”. ¿Piensa lo mismo del camarista Eduardo Freiler?

—Sí, absolutamente. Dentro de las causales para llevar a juicio político a un juez no existe la parcialidad política. Está todo subsumido dentro del mal desempeño, y entonces uno busca allí, busca otras acciones, otras conductas. En el caso de Freiler es el enriquecimiento ilícito, pero si hubiera que juzgarlo por algo más, sería por su absoluta dependencia del poder político anterior. Freiler fue un garante de la impunidad del gobierno kirchnerista.

—¿Freiler es un militante del kirchnerismo o eso era lo que le permitía la corrupción?

—No, creo que hay vasos comunicantes entre la garantía de la impunidad y el enriquecimiento ilícito. Lo expresó muy bien la doctora Carrió cuando pegó el golpe sobre la mesa y dijo: “¿Qué pasa que De Vido no está ni siquiera convocado?”

—Usted le recomendó al Gobierno aceptar la renuncia de Oyarbide porque no sabían si alcanzaban los votos para llevar adelante un juicio en el Concejo de la Magistratura.

—Tema discutible, sí.

—En el caso de Freiler, ¿volvería a recomendar lo mismo si él presenta la renuncia?

—En este caso no. Con Oyarbide me dejé llevar por un pragmatismo teñido por los dos primeros meses del gobierno. Tenía la mirada puesta en otras urgencias.

—¿Cómo imagina la solución futura a ese poder de Comodoro Py? ¿Qué habría que hacer?

—Primero se debería concientizar a la sociedad de qué es eso. Segundo, habría que modificar algunas normas de procedimiento para que los procesos no sean eternos y haya obligación de resolver en primera instancia o sobreseimiento, archivo o elevación a juicio. Hay que lograr que los procesos en primera instancia de Comodoro Py no sigan siendo eternos y que ocurra lo que ocurrió con la tragedia de Once. Ese fue el gran “error” de la Justicia de Comodoro Py. Porque demostraron que una causa compleja y tan importante como la de Once, con tantas víctimas, querellantes, abogados defensores, podía ir en un año y medio a juicio oral. Todas las demás causas, entonces, tendrían que resolverse incluso en menos tiempo. Sin embargo, el 98% demora mucho más. Porque la permanencia de una causa abierta, es una fuente de poder extraordinaria para los jueces. Lo que hay que hacer es terminar con ese poder del medio con una profunda reforma que vaya hacia un sistema acusatorio que es el que rige en casi todo el país. No se hizo por una cuestión elemental: el sistema acusatorio implica darles más poder a los fiscales en un momento en donde los fiscales dependen de Alejandra Gils Carbó, que, como todo el mundo sabe no es la Jefa de Fiscales que un sistema acusatorio indica.

"Mantener una causa abierta es un poder enorme para los jueces. Debemos corregir eso con una reforma."

—¿Gils Carbó puede hacer que los fiscales hagan lo que ella quiere?

—Ese es un argumento que he escuchado mucho: “El Gobierno puso el foco en Gils Carbó y ella no es la que ordena a los fiscales”. Pero sí ordena administrativamente la Procuración y puede, como lo ha hecho, trasladar a un fiscal, armar Procuradurías. No ordena en la práctica, pero marca líneas. Sus dictámenes ante la Corte, así como los jueces sientan doctrina, dictan doctrina para los fiscales. No es lo mismo tener un esquema acusatorio con fiscales investigando y jueces de garantía, teniéndola a Gils Carbó como la Jefa de los Fiscales. Ese esquema les daría a los fiscales un poder como para transformarse en un Comodoro Py paralelo.

—Y juzgar a Macri.

—El tema no es juzgarlo o no. Macri está siendo juzgado y tiene más causas abiertas que ningún otro presidente en ejercicio en la historia argentina. No sé si eso es bueno o malo, depende del lugar donde uno lo mire. Pero si existe la posibilidad, ya no de ser juzgado sino de ser perseguido por fiscales de esa calaña, es un problema serio. Macri tiene el derecho, como todo ciudadano, de ser juzgado e investigado por jueces y fiscales objetivos, por más que sea el Presidente.

—¿Usted cree que los jueces de Comodoro Py son objetivos?

—Es un fuero muy teñido por los tiempos electorales.

—Cristina Kirchner podría decir que no son objetivos.

—Podría decirlo, sí. Pero hay una cuestión ahí. En la medida de que los jueces de primera instancia, en este caso Bonadio que es el juez que más la ha perseguido, se desprenda rápido de las causas y las eleve a juicio, hay menos condiciones para decir que hay una persecución.

—En Brasil los jueces federales de cualquier parte del país pueden juzgar al Poder Ejecutivo. ¿Parte de la solución sería que Comodoro Py deje de ser el único lugar donde puedan hacerse?

—Pero eso necesita una legislación. Este gobierno lo intentó. Otra alternativa es modificar la competencia del fuero, la jurisdicción. En los primeros meses el Gobierno intentó acompañar en el Congreso la creación de nuevos juzgados con una competencia más vinculada a la lucha con el narcotráfico, y quitarles esas competencias a los jueces de Comodoro Py. Pero eso murió, porque el poder de los jueces fue muy fuerte y la minoría del Gobierno en el Congreso hizo que todo quedara stand-by.

—Ese poder de los jueces en el Congreso, ¿cómo se traduce en protección a los legisladores en futuras causas? ¿Cómo se genera ese esquema? ¿Qué poder tienen como para frenar esas leyes?

—El poder de los jueces es tener siempre abiertas las causas. En Argentina hay denunciantes para todos los gustos, y cuando hay un denunciante, por más loco que sea, por más loca que sea la denuncia, si uno tiene un expediente abierto, es una espada de Damocles.

—Entonces la clase política tendría que votar de mucho agrado el ponerle un límite a todo esto. ¿Por qué no lo hace?

—Ese es todo un tema. El Gobierno quiere transformar eso. Pero hay mucho peronismo en la Justicia. Tradicionalmente se ha vinculado al radicalismo con el Poder Judicial, pero el radicalismo ha sido bastante ingenuo en su relación con ese poder, ha sido honestamente republicano. El peronismo no. Históricamente tuvo una relación promiscua con el Poder Judicial y eso hace que los peronistas no estén muy dispuestos a hacer grandes reformas.

—A usted lo invitaron a sumarse al festejo del domingo de las elecciones, pero decidió irse a Mendoza. ¿Por qué lo hizo?

—No es que me invitaron, sólo formaba parte del staff. Pero en el último año y medio he cambiado mucho y puedo decirle que me siento feliz con mi coherencia interna. Poco a poco fui desprendiéndome de la ligazón formal con mi partido y también del Gobierno, donde sólo conservo un espacio en el Gabinete de Coordinación del Presidente. Eso es lo único. Estar otra vez en los festejos, como hace dos años, no reflejaba el cambio que hubo en mi vida, así que le pedí a Mario Negri que me reemplazara, porque José Corral, mi reemplazo natural como presidente del partido, estaba en Santa Fe. Fue lo mejor. Avancé mucho en la búsqueda del equilibrio personal, en administrar el ego, la vanidad. No tenía ganas de estar sólo para poner mi cara. Ya pasé esa etapa.

—¿Su papel lo cumplirá Mario Negri, más veces que aquella vez sobre el escenario?

—No lo sé. El radicalismo tiene por delante un debate para nada menor. Debe renovar su conducción a fin de año y esta vez habrá un fuerte debate respecto a cuál es el rol del radicalismo en Cambiemos para los próximos años, y cuál será el rol del partido en general. Es muy probable que hayamos dejado en el camino cosas por discutir privilegiando la solidez de Cambiemos hacia afuera, porque somos conscientes que en la Argentina cualquier noticia vinculada a un debate interno podía ser leída como una ruptura. Fuimos muy cuidadosos y logramos el objetivo de construir la coalición con bloques disciplinados, orgánicos, leales, muy nobles. Pero también es necesario tener mayor participación en la toma de decisiones. Algo para discutir con el Gobierno es el nivel de toma de decisiones y qué participación puede tener nuestra opinión. En lo personal lo hice, es verdad, más por la relación de afecto personal que tengo con el Presidente que por una cuestión institucional.

—¿Usted siente que la participación del radicalismo en la toma de decisiones, cuidando que el Gobierno recién asumido tuviese solidez, fue menor de lo debía haber sido?

—En la toma de decisiones sí. Pero también es cierto que en Cambiemos no había un mecanismo de funcionamiento. Nos fuimos adaptando a la dinámica de la realidad, privilegiando la lealtad, la responsabilidad, el trabajo, la cohesión de los bloques, y nunca se hizo un planteo. Podríamos haber modificado algunas situaciones, pero creo que estas cosas siempre se pueden corregir.

"Si hay algo que Macri, con cabeza de ingeniero, le aporta a la política, es el orden y la disciplina."

 —En el futuro usted imagina al radicalismo participando más de la acción en la toma de decisiones de gobierno?

—No sé si participando en la toma de decisiones, pero sí tratando de influir más con sus opiniones.

—¿Macri le ofreció ser vicepresidente en la fórmula de Cambiemos del 2015?

—(Suspiro). Hubo un punto, en la campaña del 2015, donde hubo una conversación puntual entre Macri y yo. Fue en el aeropuerto de Tucumán, en una camioneta donde había otras personas. Macri hizo bajar a todos e hicimos un mano a mano. Me preguntó por qué seguía adelante con mi candidatura cuando estaba la posibilidad de una integración. Yo sabía que Duran Barba se oponía terminantemente a eso, él insistía en que no había que arreglar con ningún partido y mucho menos compartir fórmula con alguien de un partido viejo. Debo decirle que ése no era el pensamiento de Macri y de los amigos de Macri, sus amigos más políticos.

—Caputo, concretamente.

—Sí, Niki Caputo y además, otros. Le expliqué a Macri que iba a seguir con mi candidatura porque tenía en la cabeza un escenario para agosto de 30 puntos: él no llegaba a eso, pero con los votos de Lilita y los míos sí se podía llegar. Y pasar a ser 35 en octubre para alcanzar una segunda vuelta, la única alternativa para ganar. Macri me dijo que era un cabeza dura, que iba a sacar un 4% y eso podía frustrar mi carrera política. “No, yo voy a cumplir con mi compromiso y voy a ser candidato del radicalismo, que además, es el mejor favor que te puedo hacer para que seas presidente”, le dije. No se quedó conforme pero lo aceptó, y el tiempo me dio la razón. Muchos radicales me reprocharon eso, creen que como vice podría haber conseguido más espacio en la toma de decisiones. Y no. Lo que había que lograr era un esquema de discusión que fuese más allá si uno es o no vicepresidente. Carrió lo logró con su poder de fuego porque ella “es” la Coalición Cívica, un mano a mano de ella con Macri es eso. La UCR con sus bloques tiene más poder de fuego que Carrió pero lo nunca utilizó, ni tampoco es bueno que se lo utilice extorsivamente.

"Nadie debe creer que solo por el hecho de ganar las elecciones de octubre aparecerán las inversiones."

—¿Sabe qué pienso? Que volvemos al comienzo de la charla. Como Carrió es la Coalición Cívica, actúa como un poder fáctico, mientras que el radicalismo, que tendría más poder de destrucción, al ser un partido, se inhibe o no puede utilizar sus propias armas.

—Quisiera corregirme si esto que dije fue interpretado como un desvalor. Nosotros hicimos un aporte sustancial. Decidir ser candidato y no vice fue una decisión estratégica de conjunto que fue beneficiosa para la coalición. Y en el Gobierno elegimos privilegiar la seriedad, la responsabilidad, la cohesión parlamentaria más allá que algunas veces uno se muerda los labios frente a decisiones que no comparte. De ninguna manera nos inhibimos. Pero imagine si algunas de las salidas personales de Carrió, que a ella se les permiten por ser cómo es y lo que representa, la hubiéramos hecho desde el radicalismo orgánico, o las hubiera hecho yo. Mejor no imaginarlo…   

—Lo que traté de marcar forma parte de un mismo proceso en el cual los poderes fácticos terminan teniendo más importancia que los partidos políticos. El caso de Carrió es similar a un medio periodístico. Su capacidad es de destrucción, no de construcción. Algo parecido sucede con el Partido Judicial: puede destruir, pero no construir. Clarín puede destruir, pero no construir.

—Bueno, eso se llama poder de fuego y se lo usa para destruir. Carrió tiene un enorme poder de fuego destructivo, pero en esta última etapa lo usó para construir. Ha sido muy consecuente con la consolidación de Cambiemos. Puedo ser crítico con ella respecto a muchas cosas, pero hoy debo sacarme el sombrero. Por supuesto también llevó agua para su molino y lo hizo inteligentemente: duplicó su número de legisladores. En la negociación interna sacó mucho más de lo que cualquiera le hubiera asignado previamente. Pero el radicalismo también sacó su parte.

—¿Fue lo que hizo Carrió o lo que no hizo, lo que ayudó al Gobierno?

—(Risas). No me gustaría que ése fuese un título. La UCR es una organización dentro de un engranaje mayor y Lilita es ella misma. Si usted me pregunta si su contribución fue lo que no hizo, por supuesto que sí. Recuerdo cuando agarró la carterita y se fue de UNEN. Por fortuna no lo hizo acá.

—Si hoy hiciera eso perdería votos en lugar de ganarlos.

—Es cierto, los perdería. Pero también le hubiera hecho perder muchos votos a Cambiemos. Prefiero mirar el vaso medio lleno y creo que ella tiene la convicción, porque ella peleó muchos años en soledad y hoy lo hace desde un colectivo.

—Los poderes fácticos parecieran tener una ventaja sobre los partidos. Porque mientras los partidos tienen un proceso institucional de discusión, los poderes fácticos tienen mucha más velocidad de acción.

—Sí, pero también es cierto que, en el tiempo, esas conductas tienen poco vuelo. Argentina ha sido gobernada así porque con su esquema pendular, su desequilibrio y su inestabilidad ha permitido eso. Pero lo que viene no tiene que ver con los poderes fácticos, sino con la reconstrucción de una institucionalidad.

"Surgieron nuevos referentes, me ilusiona. ¿Quién pensaba en Vidal hace dos años? ¿O en Marcos Peña?"

—¿Eso no requeriría que Cambiemos tuviese una institucionalidad? ¿Qué forma de acuerdo les daría esa institucionalidad?

—Un estatuto. Reglas. Avanzamos mucho en la práctica, en una manera de funcionar. Si hay algo que el Gobierno, el PRO desde la Ciudad de Buenos Aires y el propio Macri con su cabeza de ingeniero le han dado como aporte sustancial a la vida política, es el orden y la disciplina. Los partidos, más allá de su funcionamiento orgánico y sus convenciones han tenido mucha indisciplina, conductas casi de club de barrio. Hoy las reuniones que son a las tres, son a las tres, y antes de eso, hay un mail que la confirma.   

—¿Le pegó haber cumplido 60 años?

—No, estoy en una etapa de mi vida muy plena, con mucho equilibrio. Durante muchos años estuve más interesado en el hacer que en mi propio ser. Mis actividades, la política, la profesión, la vida familiar, eran como etiquetas que me iba colgando. Dependía mucho de todo eso, sobre todo de la política, que siempre me absorbió. Hoy, con la madurez de los 60, tengo una capacidad de racionalizar, de reflexionar, que me sorprende a mí mismo.

—Antes mencionaba que cualquiera podía armar una causa y mantenerla durante años. Usted padeció una que lo acusaba de haber cobrado 200 mil dólares para impulsar el juicio político para destituir a Faggionato Márquez, juez de la megacausa de la efedrina.

—Lo hicieron los servicios de inteligencia el día del inicio del juicio de Faggionato. Un día antes me habían acusado en los medios de Szpolski.

—¿Esas cosas hieren, dejan una sensación de que la política cansa?

—A mí no me produjeron una afectación tan grande. Pero es cierto que son huellas. La calumnia que por desgracia es intrínseca a la política, siempre deja una huella.

—¿Cómo ve al presidente Macri en ese aspecto? Porque claramente se lo ve más envejecido respecto del que era hace dos años.

—No lo veo a Macri afectado por la calumnia. Creo que eso lo maneja muy bien, y lo tiene superado. Cuando lo cuenta, y conozco de su propia boca su historia desde Boca, uno nota que ha recibido tantas que ya no lo afectan tanto. Lo que más lo mortifica es no poder llegar al corazón de los argentinos con los cambios culturales que desea. Se desvive por ser un líder que cambie culturalmente a la Argentina. Lo dijo muchas veces, me lo ha dicho a mí. Cuando habla sobre no derrochar energía, lo que intenta es influir en un cambio cultural, concientizar que las cosas cuestan, que el Estado no puede proveerlo todo, que tenemos que esforzarnos en la cultura del trabajo. Si algo lo hace retroceder, se siente muy mortificado. A mí me pasaría lo mismo.

"El bipartidismo tradicional será reemplazado por un nuevo bipartidismo: dos coaliciones diferentes."

—¿Se imagina volviendo a la política activa, ser otra vez candidato?

—No, no quiero saber más nada.

—¿Nunca más?

—No. Tengo miedo de perder estas cosas que recuperé y me han hecho tan feliz. Para entenderme habría que ponerse en mi cuero en los últimos diez años, de 2015 hacia atrás. En 2005, como presidente del bloque, arranqué una espiral vertiginosa que terminó en 2015. Además tenía 12 años de política en el lomo: fui legislador provincial, intendente, senador. Fueron 22 años en los cuales, apasionado como soy, me entregué por completo, dejando cosas de lado. Ahora las recuperé y quiero vivirlas con toda intensidad.

—Macri lleva ocho como Jefe de Gobierno de la Ciudad, tuvo dos de diputado y tiene posibilidades de completar ocho de Presidente. ¿Cómo imagina a Macri en el 2023?

—Creo que él va a hacer un corte abrupto con la política. No es mi caso porque forma parte de mi esencia y mi equilibrio, y hablo de la política, no de la función pública.

—¿Imagina a Macri en 2023 yéndose a vivir a Italia, por ejemplo?

—No sé si viviendo en otro país, pero sí cortando con la política. Es más o menos lo que hace hoy después de las ocho de la noche.

—¿Se puede, en un país como la Argentina, ser ex presidente? ¿Es posible cortar con la política?

—Ese es otro cambio cultural. Macri sí podrá porque no es un político de nacimiento, de origen.

—¿Podrá caminar por la calle?

—En el país que viene, sí. Hoy, evidentemente no. Salvo Raúl Alfonsín, que tuvo una vida normal. Pero en la Argentina que construimos, estoy seguro, un ex presidente va a poder caminar tranquilo por la calle.(Perfil)

Julio De Vido, en los tribunales de Comodoro Py. Foto:DYN  sábado 07 de octubre de 2017

 

El juez federal Daniel Rafecas citó a indagatoria al ex ministro de Planificación y diputado Julio De Vido en el marco de una de las causas que investigan coimas de Odebrecht. 

Se trata de la causa por irregularidades en el Plan de Ampliación de Gasoductos 2006 y 2008 y De Vido fue citado para el próximo 5 de diciembre. Para el 4 de diciembre fue convocado el ex secretario de Energía Daniel Cameron, informaron a DyN fuentes judiciales.

La justicia sospecha que los citados funcionarios, junto a directivos de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMMESA) –Luis Alberto Beuret y Julio Armando Bragulat-, ambos también citados a indagatoria, intervinieron, en calidad de autores y/o partícipes según cada caso, en la comisión del delito de negociaciones incompatibles con la función pública. Las citaciones se concretarán entre el 27/11 y el 5/12, De Vido lo hará en esta última fecha.

El Juez Rafecas se hizo cargo de esta causa hace cinco meses, en mayo de este año (proveniente de otro juzgado federal), y su trámite ha implicado llevar adelante un exhaustivo análisis de las resoluciones, notas y expedientes administrativos en los que se investiga la posible decisión direccionada por parte de las autoridades de los distintos organismos públicos intervinientes, para que fuera Odebrecht la beneficiada con la ampliación de los gasoductos. 

Entre la documentación analizada, se descubrieron una serie de notas y decisiones administrativas (incluyendo un “memorándum de entendimiento” entre Odebrecht y la Secretaría de Energía), de las cuales surge la sospecha de que todo el proceso licitatorio habría estado enderezado -en forma previa- a la adjudicación del negocio a Odebrecht, según informó el CIJ.

Incluso la presentación de otras dos empresas al llamado a licitación (Camargo Correa y Roggio), se sospecha que habría resultado ser algo meramente formal, dado los plazos exiguos y las exigencias planteadas para la adjudicación. A través del examen del cuerpo probatorio (conformado con casi dos cuerpos de actuaciones administrativas, y ciento ochenta cajas de documentación), la instrucción ha revelado la posible existencia de un apreciable desvío de poder en dirección al involucramiento, probablemente espurio, de Odebrecht en la adjudicación de la obra pública, maniobra formalizada el 6 de diciembre de 2006, con la suscripción del contrato entre CAMMESA y Odebrecht. En concreto, se sospecha que el ex Ministro De Vido creó el marco normativo necesario para que, desde la Secretaría de Energía, en negociación con Odebrecht, se procediera al llamado a “licitación privada” a través de las empresas licenciatarias TGN y TGS.

Pero como éstas se negaron a hacerlo, fue convocada la firma Cammesa, que fue quien finalmente le adjudicó, en un proceso sospechado, el negocio a Odebrecht. La firma de este contrato ha sido el hito demarcatorio tenido en cuenta por el Juez Rafecas para remitir al Juez Martínez De Giorgi la investigación sobre el posible pago de sobornos por esta obra pública desde 2007 en adelante. El Juez De Giorgi -a cargo de la investigación de irregularidades en las obras de soterramiento del tren Sarmiento-, a pedido de la Oficina Anticorrupción y del Fiscal Franco Picardi, había solicitado unificar la investigación del pago de sobornos a los jueces Rafecas y Casanello, este último a cargo de la investigación de hechos similares en obras de AYSA.

Es decir, que el Juez Rafecas decidió mantener en su Juzgado el primer tramo de la causa (2004 a 2006), en el cual acaba de ordenar las indagatorias por negociaciones incompatibles, y remitir por conexidad el segundo tramo de la causa (2007 a 2014, en donde se investigan irregularidades en una seria de adendas al contrato original) a su colega Martínez de Giorgi, por el delito de cohecho, en el cual habrían tenido lugar los pagos de sobornos a intermediarios con destino final en funcionarios públicos argentinos por una cifra global (en los tres contratos: Tren Sarmiento, AYSA y Gasoductos), próxima a los 35 millones de dólares, según reconoció explícitamente la compañía Odebrecht en un acuerdo celebrado con el Departamento de Justicia de Estados Unidos.(Perfil)

 La diputada chaqueña Elisa Carrió. Foto:Télam  viernes 06 de octubre de 2017

 

La referente de Cambiemos aseguró que la candidata oficialista acusada de maltrato infantil “o renuncia o va a ser excluida”. 

La primera candidata a diputada nacional por Vamos Juntos en la Ciudad de Buenos Aires, Elisa Carrió, insistió en que Joanna Picetti, quien integra las listas porteñas de esa misma agrupación en el distrito, "no va a ser diputada".

"O renuncia a su candidatura o va a ser excluída", posteó Carrió en su cuenta oficial de Facebook. “Picetti tiene una acusación grave de parte de su familia, en la cual no vamos a entrar porque están sus hijos en el medio", explicó la fundadora de Cambiemos al profundizar la polémica con su compañera de lista, que está acusada de violencia familiar.

"La decisión de apartarla la tomamos entre todo el equipo de Vamos Juntos", afirmó Carrió. "Detectamos la situación a tiempo y reaccionamos inmediatamente", indicó.

Según reveló Perfil, Picetti, de 37 años, fue denunciada en dos fueros por "maltrato infantil" por su ex marido, David Bibulich. Actualmente la candidata a diputada, que fue objeto de impugnaciones ante la Justicia y la Cámara de Diputados por "inhabilidad moral", está separada de su ex pareja con quien tiene tres hijos, cuya tenencia disputa.

"Es muy saludable que un espacio, apenas toma conocimiento de una situación irregular reaccione y no mire para el costado. Hicimos lo correcto", enfatizó la titular de la Coalición Cívica que busca renovar su banca en diciembre de este año. 

El diputado oficialista, Pablo Tonelli, mostró una postura diferente a la de Carrió al considerar que Picetti, en caso de ser electa, debería jurar primero en la cámara baja y luego analizarse "si es idóneo o no para continuar" en sus funciones. "Todo lo que tenga que ver con la idoneidad o falta de idoneidad intelectual, moral, o lo que fuere para ser diputado, requiere que el diputado asuma y después sea juzgado", interpretó Tonelli en declaraciones radiales.

Según trascendió, desde el entorno de Carrió confirmaron que hubo una comunicación entre la familia de Picetti y el equipo de la legisladora. “El tema está en lo privado, pero es grave", afirmaron. (Perfil)

 El pago se efectúa en el marco del conflicto docente aún sin resolución, luego de más de 100 días de paro // jueves 05 de octubre de 2017

 

El Ministerio de Educación de la Nación giró al gobierno de Santa Cruz los fondos para pagar a los maestros el aumento de salarios que negocian en la paritaria, suspendida desde la última reunión, el 12 de septiembre pasado.

La cartera que encabeza Alejandro Finocchiaro informó, además, la convocatoria a las autoridades educativas y gremios docentes de Santa Cruz para el próximo miércoles 11 de octubre, a casi un mes del último encuentro, en Río Gallegos, para "avanzar con el temario pendiente en las actas preexistentes".

"En virtud de los compromisos asumidos y de la delicada situación que vive el sistema educativo de la provincia de Santa Cruz, el Ministerio de Educación de la Nación informa que ha girado los fondos correspondientes para el pago del porcentaje de aumento al sueldo básico a los docentes y a los docentes jubilados de la provincia", informó.

De acuerdo a la información, "el gobierno provincial dispondrá del dinero el próximo viernes 6 de octubre a fin de hacer efectivo el pago, sujeto a los tiempos administrativos y bancarios correspondientes".

El pago se efectúa en el marco del conflicto docente aún sin resolución, luego de más de 100 días de paro, hasta mediados de agosto, y la continuidad de medidas de retención de tareas por parte de los maestros, representados por la Asociación Docentes de Santa Cruz (Adosac).

El último congreso de Adosac denunció "el incumplimiento de ambos gobiernos a los compromisos asumidos en la mesa de negociación", y exigió "que el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, a más de 100 días de paro docente en Santa Cruz, se ponga al frente de la negociación y de respuesta a los trabajadores para resolver definitivamente el conflicto".

El Ministerio de Educación nacional encabeza desde mediados de julio una mesa de trabajo, iniciada por el entonces ministro, Esteban Bullrich, y continuada por Finocchiaro, con el objetivo de ayudar a los gremios docentes Adosac y Asociación del Magisterio de la Enseñanza Técnica (Amet) a lograr un acuerdo salarial con el gobierno de Alicia Kirchner, y asegurar la continuidad del ciclo lectivo en Santa Cruz. Para eso, el gobierno nacional ofertó a la provincia los fondos necesarios para realizar una propuesta salarial del 8 por ciento escalonado a diciembre.(Ámbito)

 Durante un acto en Lanús, la candidata de Unidad Ciudadana se refirió a Macri como “presidente empresario” y comparó su gestión con la dictadura de Onganía // miércoles 04 de octubre de 2017

 

Cristina Fernández de Kirchner brindó un discurso de campaña este martes en la localidad de Lanús, durante el cual disparó contra el gobierno nacional. “Basta de psicopatear a la sociedad con amenazas y fantasmas de cosas que no existen”, sostuvo la candidata a senadora nacional por el Frente Unidad Ciudadana, y luego disparó: “No sean psicópatas, que costó mucho esta democracia, poder caminar en libertad y expresarnos sin miedo”. 

La expresidenta se refirió a los infiltrados que provocaron incidentes en las últimas movilizaciones por Santiago Maldonado: "Personajes que nunca nadie puede agarrar ni identificar, encapuchados que aparecen y desaparecen por arte de magia, como las amenazas en las escuelas, y no pueden ubicar a nadie". 

“Estamos en el mundo del revés, donde te hablan de cambios que parecen casi un ejercicio de tomada de pelo y cinismo a la gente”, vaticinó CFK. Por otra parte, apuntó directamente al mandatario de la Nación, Mauricio Macri, y dijo: “Alguien debería decirle a este presidente empresario que los derechos no se regalan, se ejercen y se reconocen por parte del Estado”. 

Cristina hizo referencia también a las chicas que fueron detenidas en la estación de Constitución por estar besándose e ironizó: “¿Estos dicen que son el cambio y la modernidad?”. “En la dictadura de Onganía, prohibieron besarse en las plazas. Miren qué antiguos y cavernícolas son esta gente”, disparó.(Perfil)

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