En las concesionarias esperan la baja impositiva para reanimar las ventas.

Es una tasa que encarece los vehículos cerca de un 20%. La pagan modelos con precios al público desde $ 1.300.000. Aumentaría el límite hasta unos $ 2.000.000. 

 

Los impuestos internos a los autos dejaron de ser un gravamen para las unidades de lujo, tras la devaluación: la tasa que hace un año incrementaba 20% el precio de las unidades de 60.000 dólares para arriba, fue descendiendo peldaño a peldaño a medida que el peso se devaluaba y hoy afecta prácticamente a todos los vehículos cuyo precio al público supera los US$ 32.500, cerca de 1,3 millón de pesos. Ese límite aumentaría a unos US$ 50.000 dólares, $ 2.000.000

En poco menos de un mes, según estimaciones del mercado, esa vara será actualizada según la inflación de este año y muchos modelos que hoy están alcanzados con el impuesto interno quedarán afuera del gravamen. A partir de entonces, según anunció en septiembre el ministro Nicolás Dujovne, el monto a partir del cual se cobra esa alícuota será actualizado en forma trimestral.

Desde el Ministerio de Producción, donde se decide el precio a partir del cual rige la alícuota, guardan silencio sobre el tema. Entre las terminales y concesionarias estiman que el tope subirá entre 45% y 50% respecto a los 900.000 pesos (precio mayorista) que rige desde el 1º de enero.

La especulación de fabricantes y vendedores se basa en el criterio que aplicó el anterior ministro de la Producción, Francisco Cabrera, quien había utilizado como referencia el Indice de Precios al Consumidor del año anterior. Si el actual titular de Producción, Dante Sica, mantiene ese mismo criterio, deberá basarse en la inflación que sólo en los primeros 11 meses del año acumula un incremento de 43,9%.

El impuesto interno se aplica sobre el precio que declara la terminal automotriz, o el importador, sobre el valor del vehículo. Ese es el precio mayorista. Luego viene el margen de venta de la concesionaria, que es una zona no exenta de grises: según la marca, modelo y margen de la concesionaria, el precio final de una unidad de 900.000 pesos oscilar entre $ 1,2 y $ 1,3 millón.

Es por eso que un modelo como la Toyota SW4 hoy cuesta al público $1.290.000: en la automotriz japonesa optaron por vender ese modelo a un precio "topeado", para evitar que sobrepase el límite que la encarecería un 20% (en realidad, el impuesto tiene su propia "inflación", su incidencia llega a ser de casi 23% sobre el precio final). No es un dato menor que conseguir ese modelo a ese precio, hoy, es una misión casi imposible.

Las otras unidades de la Toyota Hilux, así como la totalidad de las pick up que se venden en el país, tanto nacionales como importadas, están exentas del impuesto, que se aplica únicamente a vehículos "de pasajeros", como los autos tipo sedán, las SUV o las mini van.

Por ejemplo, el modelo de pasajeros de la Mercedes Benz Vito que se produce en la planta de Virrey del Pino (la Combi 119) está actualmente gravado por la alícuota del 20%: su precio al público es de US$ 39.900, casi $1,6 millón según la cotización actual de la divisa estadounidense. Pero una eventual suba del 45% o más de la alícuota llevaría el umbral del impuesto cerca de un precio de venta final de alrededor de dos millones de pesos, equivalentes a US$ 50.000 de hoy. Entre otros modelos, la Vito producida en La Matanza volvería a quedar exenta.

¿Cuándo será actualizada la alícuota? En el mercado esperan que sea prácticamente el día después de la difusión del IPC de diciembre, durante la primera quincena de enero. Pero algunos importadores están reclamando que el impuesto sea directamente suspendido, tras el cambio de tendencia "macro" producida tras la devaluación.

"El impuesto interno fue suspendido en 2002, luego de la devaluación de aquel año, hasta que fue reflotado por Cristina Fernández de Kirchner cuando el déficit del sector automotor comenzó a impactar en la actividad económica en su conjunto", dijo Ernesto Cavicchioli, vicepresidente de la importadora Hyundai de Argentina.

En 2014 el gobierno kirchnerista sacó cuentas: el año anterior, sólo la venta de autos importados de alta gama había generado un déficit de 1.000 millones de dólares. Y entonces fueron reflotados los impuestos internos. Macri prometió eliminarlos, pero sólo quitó una de las dos bandas de impuestos, a comienzos de este año.

"Ahora llevamos tres meses consecutivos de superávit en la balanza comercial. En forma simultánea, a la par de la devaluación las ventas de unidades cero kilómetro tienen una caída interanual cercana al 50%. Hoy no tiene sentido seguir cobrando ese impuesto", reclamó Cavicchioli. El empresario afirmó que mientras que las unidades producidas en la Argentina pagan casi 55% de impuestos, en el caso de los autos producidos fuera del Mercosur, el Estado se termina quedando con el 60% del precio que se le cobra al cliente. "Si además se aplica un impuesto del 20%, ese vehículo queda fuera del mercado, nadie lo compra. El 20% de cero, es cero", agregó.(Clarín)

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